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La Panadella está situada en lo alto de un puerto de 710 metros de altitud y se encuentra, más o menos en medio, de Barcelona y Lleida. Es línea divisoria entre las vertientes de los ríos Segre y Llobregat, al límite entre la Depresión Central de Cataluña.

El interés que puede tener La Panadella, radica en el hecho de haber sido siempre un paso estratégico. En la época de la dominación romana, estos, muy inteligentes y prácticos, decidieron que era un sitio ideal para hacer pasar una de sus más importantes vías de comunicación. Posteriormente la antigua Vía Romana se convirtió en camino real de Cataluña, Aragón y Castilla, más tarde, en lo que es ahora aún la Nacional II. Estas vías de comunicación han convertido históricamente a La Panadella en un punto casi obligado de parada.

A lo largo de los siglos han desfilado por este puerto, gente de paz y gente de guerra, ejércitos derrotados y ejércitos victoriosos y en sus hostales se han alojado personajes reales (la Reina Isabel II, la Infanta Isabel, "la Chata"), gente de la nobleza (Guerau de Queralt, Joan i Ramón de Calders, Magí Antoni de Vilallonga), (los eclesiásticos (Torras i Bages, Dr. Modrego, Tarancón), grandes financieros (Cambó, Arnús, Ventosa y Calvell), políticos importantes (Lerroux, Macià, Companys), militares famosos (Tristany, Prim, Batet), campeones deportivos (Uzcudum, Cañardo, Samitier), y no hace falta hablar de muchos mercaderes, ganaderos, agricultores y sobre todo automovilistas y turistas de toda condición. Cabe mencionar también a bandoleros feudales y ladrones de paso que hacían parada en tiempos medievales (Pere Barbeta, Trucafort, Perot el lladre) que cometieron muchas fechorías.

Las referencias más antiguas que se tienen de La Panadella, (llamada por entonces La Paladella) datan de los tiempos de la dominación árabe. El año 748 hay constancia de que hubieron fuertes combates en La Paladella entre los cristianos comandados por Borrel d'Osona y las tropas sarracenas dirigidas por Ali-Jama. En previsión de una emboscada, los musulmanes habían hecho cortar las arboledas, y los cristianos utilizaron los troncos y las piedras para cortarles el paso, gracias a ello, no lo consiguieron.

Por voluntad testamentaria de Guillem de Pujalt, el 1242, el sitio de La Panadella fue heredado por el Monasterio de Santes Creus, con pleno dominio, absoluto y libre. Como compensación, este percibió anualmente, durante muchos años, siete cuarteras de trigo y diez parejas de gallinas. También el Duque de Cardona cedió sus derechos que tenía sobre La Panadella, a favor del mismo Monasterio. Estas donaciones fueron ratificadas en 1249 delante de Guillém de Berga, notario de Tárrega. El 1252 hubo otra ratificación a cargo de Guillém de Cervera.

A partir del 1325, tanto La Panadella, como la capital del municipio, Montmaneu, pasaron a pertenecer a la jurisdicción real, lo cual suponía que no estaban sujetos a ningún señor feudal. Los nobles de Calders fueron delegados reales del sitio de La Panadella. Más tarde hubo una abolición de estos Señoríos.

Tenemos noticias de la importancia de los hostales de La Panadella y de Montmaneu, durante la edad media. Cabe decir que en esta época el trazado del camino real, en dirección a Barcelona, se dirigía hacía Montmaneu, cruzando todo el pueblo hasta la ermita de la Mare de Déu de la Creu y bajaba hacia una pendiente muy peligrosa conocida como Costa de la Creu. El riesgo de bajar era tan alto y los accidentes tan frecuentes, que el Ayuntamiento, con la contribución del Obispo de Vic, decidieron habilitar la casa del ermitaño, como un pequeño hospital de viajantes. Este hospital tuvo una vida relativamente corta, menos de cien años, a causa de un fuerte enfrentamiento entre el Ayuntamiento y el Obispado, que incluso en un documento amenazó con excomulgar al Ayuntamiento en pleno. El templo de la Mare de Déu de la Creu, estaba lleno de ex-votos en acción de gracias por los favores recibidos por la Virgen en muchos accidentes y también robos. Todos fueron quemados el año 1936 con motivo de la guerra civil.

Las crónicas remarcan que el año 1473, un Heraldo del rey de Inglaterra, después de haber comido en el hostal de Marçart de La Panadella (actual Hostal Vell), fue objeto de un importante robo. En aquellos años en La Panadella había dos hostales, pero no tenían la importancia del Marçart. La casa más distinguida y señorial era de la familia de los Magre. Un hijo de la casa, Jaume Magre Tolra fue Decano de la Catedral de Vic y sacerdote del Rey Felipe IV.

El transporte de aquella época, quedaba limitado a las alforjas, y la capacidad de los animales. Hasta pasado el primer tercio del siglo XVII no aparece el transporte organizado, carruajes de dos ruedas tirado por dos o más caballos. Más tarde fueron de cuatro ruedas y cuatro caballos, cuya principal misión era la de llevar viajeros y el correo oficial. Años después aparecieron las diligencias. La aparición de estas diligencias fue altamente beneficiosa para los hostales de La Panadella. El transporte de viajeros se incrementó notablemente, ya que cada diligencia acostumbraba llevar entre veinte y treinta pasajeros. Al poco tiempo, se organizaron viajes regulares, la Sociedad Catalana de Diligencias constituida en Barcelona, hacia un viaje diario a Zaragoza, y dos semanales a Madrid. La compañía "Diligencias del Oriente de España" fundada en Madrid, también como la catalana pasaba semanalmente a principios del siglo XIX. Un personaje muy característico de las diligencias era el "Postillón" que mientras guiaba a los caballos cabalgando iba tocando una trompeta al ritmo de su paso. Aún hoy existe una casa con el nombre de "cal Postillón". Con el tiempo también se fue incrementando el paso de carruajes con una larga hilera de animales que tiraban de ellos, transportando trigo desde Castilla, y otras mercancías. Los hostales de La Panadella de Riba y de Requesens, el primero ya desaparecido y el segundo, el actual Hostal Vell, construyeron grandes cuadras para alojar los animales de los carreteros, que acostumbraban a dormir al lado de sus machos y mulas. Con el tiempo el camino real se transformó en una carretera la actual N-II, que dejó de pasar por Montmaneu, pero más o menos sigue pasando.

La importancia de La Panadella fue realmente esplendorosa, la primera mitad del siglo XIX . Los hosteleros ganaban mucho dinero, dando dinero y trabajo a la zona.

Como anécdota, mencionaremos que el propietario del Hostal Vell, Isidre Requesens, se permitió el lujo de construirse un coto de caza particular, completamente amurallado, para que no entrasen cazadores furtivos y las piezas no pudiesen escapar. Si por cualquier causa faltaba vegetación enviaba a sus trabajadores a llevarle.

Durante las guerras carlistas La Panadella vivió momentos de graves dificultades. El Febrero de 1837 los carlistas del General Tristany se enfrentaron con las tropas liberales y capturaron mas de setecientos soldados isabelinos. De estos prisioneros fusilaron doscientos setenta y seis, en un lugar llamado "plà del rei", justo detrás del actual Hotel Bayona. Tres años más tarde, la Reina Isabel II, que iba de viaje de Madrid a Barcelona, se detuvo a comer con un séquito de 16 carruajes y una escolta de más de cien caballos.

El año 1861 se inauguró la línea de ferrocarril de Barcelona a Zaragoza. Esto represento un duro golpe a los intereses de La Panadella, la lenta desaparición de los grandes carreteros.

En La Panadella tan sólo quedó el Hostal Vell, y fue adquirido en subasta pública, por el farmacéutico de Igualada en el año 1896. A los tres años, vendieron el hostal, por que su mujer, muy religiosa, no aguantaba el soez lenguaje de los carreteros. Y fue comprado por dos hermanos, antiguos carreteros y residentes en Artesa de Segre.

Durante la primera década de este siglo, empezaron a circular los primeros automóviles por La Panadella. Una de las personalidades políticas de esos años, Aleixandre Lerroux hizo parada en La Panadella, pero con un evidente mal humor, ya que pocos Kilómetros antes, al atravesar la riera del Gancho que aún no había puente quedó encallado, y lo tuvieron que sacar con un par de mulas. Era el mes de Abril de 1909.

El Junio de 1913 se alojó la Infanta Isabel hermana de Alfonso XII, "la Chata". De cierto interés es comentar que en la entrada pidió por los servicios, y la condujeron a una comuna turca que había por las calles en la entrada de las cuadras. A la hora de comer la Infanta se dio cuenta de que eran trece en la mesa, e invitó a la hija del hostal para que comiese con ellos.

Durante los años de la dictadura del General Primo de Rivera, (1923-1929) las reformas de mejora de la carretera fueron extraordinarias. Se construyeron puentes, cunetas y aceras, y la Nacional II deja de ser una ruta polvorienta en verano y fangosa en invierno. El transporte en camiones y coches iba en aumento, nuevas líneas de transportes de viajeros como La Hispano Igualadina o L'Alsina i Graells, hacían parada en La Panadella. Las cuadras se convirtieron en garajes, y apareció el primer surtidor de gasolina en toda la comarca. El precio de un litro era de setenta céntimos. Vale constar, que la pensión completa, valía seis pesetas diarias.

La Guerra Civil, supuso una brusca frenada en la circulación de vehículos. Al final de la Guerra, el movimiento reanima la fisonomía de La Panadella, y el Hostal Vell empezó a recuperarse de las deudas que había acumulado estos años.

A finales de los años cuarenta, ante el incremento del tránsito, y con buena visión del futuro, los hermanos Magín y Manuel Queralt compraron terrenos a la familia Biosca, para construir una estación de servicio con cuatro surtidores, que se inauguró en Septiembre del 1948. Un hotel con 20 habitaciones, una barra de bar y un restaurante con 15 mesas, que se inauguró en Junio del 1949, dándole el nombre de Albergue de la Panadella. Unos años más tarde pasó a llamarse Hotel Bayona. En 1952 Jaume Requesens inauguró el Hotel Parada y entre los dos se estableció Talleres Nogués para la reparación de toda clase de vehículos.

En pocos años se creó cerca de los doscientos puestos de trabajo, gracias a lo cual se frenó la fiebre migratoria de la época. Poco a poco los viajeros y vehículos obligaron al Hotel Bayona a ampliar considerablemente las instalaciones, nuevos surtidores de combustible, horno de pan, pastelería, estanco, etc. hoy siguen en marcha las ampliaciones y mejoras.

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